Nuestra Organización

Misión

Los Religiosos Terciarios Capuchinos de la Provincia San José seguimos a Jesús Buen Pastor, nuestro modelo y guía, inspirados en el Evangelio vivimos en fraternidad nuestra consagración; promovemos el desarrollo integral de la persona a través de nuestra propuesta educativa, pedagógica y de pastoral en: Colegios, Universidad, Instituciones de Protección, Responsabilidad Penal, Parroquias y aquellos entornos afines al carisma legado por Fray Luis Amigó. Expresa su misión en la misericordia y centra su labor especialmente con niñas, niños, adolescentes, jóvenes y familias que presentan los síntomas y problemáticas más álgidos de nuestro tiempo en lo referente a los procesos de socialización para garantizar el ejercicio de los derechos humanos.

Visión

Para el año 2025 los Religiosos Terciarios Capuchinos de la Provincia San José serán reconocidos por su vida en fraternidad, caminando juntos en sinodalidad, con apertura a la misión compartida entre religiosos y laicos, que guiados por el Maestro lo dan a conocer en los diferentes campos de la acción apostólica.

Objetivo

Seguir a Jesús Buen Pastor como modelo y guía, viviendo en fraternidad nuestra consagración, para la defensa de la dignidad de las personas mediante la promoción de la misión apostólica, con el espíritu, el carisma, la filosofía y la identidad Amigonianas en una perspectiva sinodal, holística y trascendente especialmente con aquellos más vulnerables y alejados del camino de la verdad y del bien.

Valores

  • Acogida.
  • Acompañamiento.
  • Ambiente Familiar.
  • Autoridad Moral.
  • Cercanìa.
  • Compromiso.
  • Creatividad.
  • Fortaleza.
  • Inclusiòn.
  • Optimismo.
  • Trato Personalizado.

Principios

  • Antropologìa Cristiana.
  • Garantìa De Derechos.
  • Integralidad.
  • Personalizaciòn.
  • Afecto Relacional.
  • Perspectiva Holìstica.
  • Contexto Relacional.
  • Corresponsabilidad.
  • Madurez Integral.
  • Trabajo en Equipo.
  • Intervenciòn Profunda.
  • Autogestiòn.

Filosofía

Somos amigonianos en el mundo, estamos inmersos en la sociedad de nuestro tiempo,
hacemos parte de sus procesos de socialización, somos uno con el ser humano y su condición,
participamos activamente en la misión evangélica de la iglesia, activamos con ella nuestra misión apostólica,
reconociendo la dignidad de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y sus familias.

Los derechos humanos de estos más vulnerables, son nuestra gran oportunidad,
por ellos desarrollamos la pedagogía Amigoniana, el amor exigente, el esperar contra toda desesperanza,
el espíritu y carisma del fundador y de los hermanos mayores que nos precedieron.

Innovando y recreando nuevas perspectivas resarcimos y fortalecemos el tejido social,
con el humanismo cristiano que nos mueve, buscamos en la interpretación e intervención de los signos de los tiempos;
un mundo mejor y más justo.

Con la impronta Amigoniana por opción y vocación, aprendimos a formar y educar con sentido realista de la existencia,
para la prevención, la protección y la intervención reeducativa y terapéutica, hasta lograr la realización del hombre nuevo en Dios.

CONCEPCIÓN AMIGONIANA DE HOMBRE:

La acción formativa amigoniana que es pedagógica, educativa y terapéutica a instancias de los colegios, instituciones y parroquias que dirigimos y administramos tiene su base y fundamento en un enfoque netamente humanista – cristiano, que concibe al ser humano como un ser integral, sujeto protagonista de su propia vida, miembro vivo de un contexto histórico y ambiental, con potencialidades y limitaciones.

Una persona con capacidad para enfrentar las incertidumbres y adversidades de la vida, superándolas y saliendo de ellas fortalecido o con la fuerza necesaria para transformar su propia realidad, siendo consciente de la necesidad de ayuda y colaboración del otro.

Una persona que puede lograr ser consciente de su papel social, y de la importancia de saber que muchas personas le acompañan y esperan lo mejor de él.

Una persona capaz de hacer parte de la dinámica de los ciudadanos lideres, desde la cual puede proyectar un alto sentido de convivencia social, con los atributos necesarios para preparase a colaborar en la construcción de una sociedad mejor, mas justa y humana, aportando su contribución espiritual, material, política y social, que se hace en el acontecer cotidiano, un ciudadano capaz de optar entre la disciplina y el caos, entre la inmediatez y la trascendencia, entre valores y antivalores, entre la esperanza de paz y la realidad de la violencia que se sintomatizan en las familias y se proyectan en la sociedad.

Una persona con capacidad para adquirir las herramientas necesarias para desarrollar sus habilidades básicas, dentro del curso de vida que le permita alcanzar su felicidad y realización humana, otorgadas desde su creación por DIOS.